En mi bolsa del trabajo llevo varios bolis. Un día una compañera me pidió uno prestado.
Al cabo de unos minutos me lo devolvió diciéndome que no escribía.
Como hasta ese momento el bolígrafo había funcionado perfectamente dudé de su palabra y ,cogiendo un trozo de papel, me dispuse a comprobarlo. Acabada la demostración le pasé el papel y le volví a dejar el boli.
Ese bolígrafo sigue en mi bolsa de trabajo como suplente para préstamos o para cuando muera el fiel Bic que me gusta usar.

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