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miércoles, 22 de octubre de 2008

Un bebedero acorazado

Hace unos meses me quedé plantado delante de una tienda de animales viendo a unos jerbos posarse sobre sus patas traseras y mirándome como si estuviesen decidiendo si me iban a comprar.

Desde entonces he acariciado la idea de tenerlos, aunque al final decidí adoptarlos de quien no los pudiese mantener. Para ello me hice asíduo de un foro especializado en los bichitos.



Una de sus características es que roen a dios y a su madre, por lo que es muy complicado que los bebederos se mantengan a salvo (tal y como cuentan en este hilo concreto) así que los dueños han de ingeniárselas como puedan. Concretamente uno dijo que había usado una lata de refresco como parapeto.

A mi me gustó la idea, así que me puse manos a la obra.

Lo primero fue encontrar una lata donde cupiese el bebedero (que es bastante largo) y que estuviese vacía para poder manipularla. Al final pude encontrar lo que buscaba.

Así pues me puse a diseñar el plan de acción concienzudamente.

Desfondando la lata con un abrelatas podría meter dentro el bebedero, y que este asomase la boquilla metálica sin dejar expuesta ninguna parte plástica a merced de los jerbitos.

Este era el plan inicial hasta que me encontré con un pequeño problema de tamaños, por lo que tuve que recurrir a herramientas más sofísticadas. Con unos cuantos cortes y dobleces creé el espacio adecuado y pude finalmente colar el bebedero en lata.

Por cierto, no sé si sabíais pero las latas de Guinnes vienen con una bolita de plástico dentro para que cuando eches la cerveza en un vaso se cree la espuma necesaria y tradicional de esta cerveza.

Yo decidí guardar la bolita por si a los jerbos les apetecía jugar un poco al fútbol.

Me puse entonces a buscar el procedimiento y disposición ideales para colar la cánula del bebedero por el hueco de la lata, consiguiéndolo en uno, dos y tres pasos.

Lo siguiente fue fácil, es decir, colgar el bebedero del borde del terrario con un alambrito aunque no sea de una forma demasiado sofisticada.



Y a lo tonto a lo tonto, misión cumplida:


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